Alza la mirada
Alzo la mirada, mis ojos en Jesús. Alzo la mirada, clavada en la cruz. Cuando miro al cielo todo es nuevo con su luz. Alzo la mirada, alzo la mirada, alzo la mirada.
No estoy hecho para mirar al suelo, al mirarte sé por qué nací. Me creaste para mirar al cielo, estoy inquieto hasta que no descanse en ti.
Alzo la mirada, mis ojos en Jesús. Alzo la mirada, clavada en la cruz. Cuando miro al cielo todo es nuevo con su luz. Alzo la mirada, alzo la mirada, alzo la mirada.
El Señor es mi fuerza y mi esperanza, no vacilaré. Él es la roca de la salvación, en Él confío y no tiemblo, en Él confío y no tiemblo.
Alzo la mirada, mis ojos en Jesús. Alzo la mirada, clavada en la cruz. Cuando miro al cielo todo es nuevo con su luz. Alzo la mirada, alzo la mirada, alzo la mirada.
Por los que buscan la paz y la libertad. Para que encuentren en tus ojos dónde descansar. Por los que cruzan el mar buscando un hogar, para que vean más allá de la tempestad. Por los que buscan la paz y la libertad. Para que encuentren en tus ojos dónde descansar.
Alzo la mirada… Alzo la mirada… Alzo la mirada
“Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti.”
Es una de sus reflexiones más conocidas, de sus Confesiones. Expresa la idea de que el ser humano tiene una búsqueda interior de sentido y plenitud que, según Agustín, solo se encuentra en Dios.
La frase de San Agustín de Hipona en Confesiones resume una idea central de su pensamiento: el ser humano está hecho para buscar algo más allá de lo material.
Cuando dice que “nuestro corazón está inquieto”, se refiere a esa sensación de insatisfacción constante: deseos, ambiciones o placeres no logran llenarnos del todo. Para Agustín, esa inquietud no es un defecto, sino una señal de que estamos orientados hacia Dios.
La “paz” o el “descanso” llega cuando la persona encuentra su sentido último en lo divino. En pocas palabras: la cita expresa que la plenitud humana no se alcanza en las cosas pasajeras, sino en una relación profunda con Dios.